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El viaje más largo

Quiero escribir estas letras para mi mamá y mi papá.


Todos tenemos una historia que contar, un momento en la vida en el cual podemos hacer memoria y recordar fotos, aromas, colores y sensaciones que nos llevan al pasado. Ese pasado que parece una película vieja, donde hay recuerdos que seguramente son diferentes a las otras personas.

Puedo sentir alguna tarde en Colón, en algún sitio donde había pasto y paredes de ladrillo. Puedo sentir las habitaciones vacías en la ciudad de Las Piedras, algunos viajes en ómnibus deseando tener un vehículo en el cual moverme por mi cuenta.

Recuerdo muchos momentos solo, escribiendo, dibujando en cuadernos donde creaba historias y guerras con soldados de palito. Juguetes en un bolso roto que eran como tesoro. Recuerdo pedacitos de mi historia los cuales quisiera capturar como un tesoro en estas letras, porque son lo único que me queda.


Quiero agradecer a mis padres, por estar y porque a su manera me ayudaron a crecer y que no me falte nunca nada. Porque nunca faltó comida en la mesa, ni ropa ni un doctor cuando fue necesario.


Creo que me dejaron tan libre como para que buscara mi camino, quizás lo pedí, o quizás mi naturaleza era esa, buscar, moverme, estar en sitios diferentes en la búsqueda de un camino. Probando, tratando de escapar de los problemas mientras obtenía paz espiritual.

No era el mejor estudiante, era uno de los que trataba de lograr pasar el curso para poder ocuparme de cosas que realmente me eran importantes. La libertad de la cual hablo es esa, haber encontrado pequeños espacios para soñar a mi manera.


Es por esa etapa de sueños en la cual inicia ese viaje que me fue moviendo como ficha de ajedrez por el tablero. Aprender a definir mis metas ha sido un desafío, porque en el camino descubrí que es raro que la gente aplauda tus logros. Ese reconocimiento que siempre tuve de su parte. Mamá siempre me dijo que si, papá un poco más analítico y con sus opiniones marcadas también dejó el camino libre, a su manera. Gracias.


El origen de cada persona está marcado por los primeros años de vida, ahí es donde se definen la mayoría de fortalezas y debilidades. En mis inicios hay mucho sueño dibujado en una época donde aún no había computadoras. Siempre contando mis historias, corriendo o en bicicleta siempre hubo un regalo bajo el árbol en navidad. Gracias.


Poder creer en que los sueños o las metas se cumplen, eso aprendí de mis padres. Cada uno a su manera, cada uno jugando su juego y cumpliendo su rol, lo hicieron muy bien y les quiero agradecer por ser ustedes. Ahora los entiendo, casi a mitad de mi camino y siendo padre los veo a los dos como los jóvenes que fueron, los inexpertos que con su historia en hombros fueron mi papá y mi mamá. Gracias, lo hicieron muy bien.


Los quiero y los tengo en mi presente como dos pilares, dos ejemplos que siempre tomo en cuenta y al llegar la noche siempre hay algo que los vincule a mi presente. Uruguay y México terminaron siendo mi historia, nuestra historia. Ojala que el presente nos grabe a los tres en la mente el amor, el cariño y las memorias que nos atarán para la eternidad como papá, mamá he hijo.


GRACIAS A LOS DOS.

Ernesto y Beatriz, mis padres.



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